Expresión Literaria

“No volveré a aplaudir”

La historia comienza cuando yo tenía 13 años y estaba emocionada por pasar a Secundaria. Sí… una nueva etapa en mi vida, estaba emocionada por fin sentirme grande y dejar una etapa atrás, pero no todo sale como uno lo planea. En ese primer día ocurrió algo inesperado, cuando estaba subiendo las gradas a hacia mi salón de clases, a una persona en frente mía se le cayeron sus marcadores y yo, por ir distraída, resbalé con ellos y me caí. Por suerte no me lastimé muy fuerte pero lo que sí me dolía era que las personas a mi alrededor se empezaron a reír de mí. Fue algo tan vergonzoso. Un muchacho muy lindo me ayudó a levantarme y yo, muy agradecida, le sonreí. Él, muy amablemente, me acompañó a mi salón de clases.

¿Cuántos de ustedes no han querido retroceder o adelantar el tiempo? pues… ese era un sueño que yo tenía, desde hace varios años, pero mejor les cuento mi historia, la historia que cambió mi manera de ver el mundo y, sobre todo mi vida, pero bueno, voy a empezar presentándome. Mi nombre es Amanda, es un lindo nombre si lo miran así, yo siempre he sido una persona agradecida con las oportunidades que la vida y, sobre todo Dios, me han dado, pero como toda persona le ha pasado, hay momentos en mi vida que he querido borrar u omitir para sentirme mejor conmigo misma y ser más feliz, o eso creía.

La historia comienza cuando yo tenía 13 años y estaba emocionada por pasar a Secundaria. Sí… una nueva etapa en mi vida, estaba emocionada por fin sentirme grande y dejar una etapa atrás, pero no todo sale como uno lo planea. En ese primer día ocurrió algo inesperado, cuando estaba subiendo las gradas a hacia mi salón de clases, a una persona en frente mía se le cayeron sus marcadores y yo, por ir distraída, resbalé con ellos y me caí. Por suerte no me lastimé muy fuerte pero lo que sí me dolía era que las personas a mi alrededor se empezaron a reír de mí. Fue algo tan vergonzoso. Un muchacho muy lindo me ayudó a levantarme y yo, muy agradecida, le sonreí. Él, muy amablemente, me acompañó a mi salón de clases.

Cuando entré a la clase me fui a sentar al primer asiento porque, si me siento muy atrás, no puedo ver bien. Saqué mis libros, pero cuando volteé hacia a mi derecha, me di cuenta que mis compañeros se estaban riendo de algo, me dio curiosidad saber sobre qué, hasta que mi mejor amiga Camila, llegó con su celular y me mostró la razón por la cual todos se estaban riendo, ¡era yo! Era el video de cuando me caí de las gradas. Miré a todos y ellos no paraban de reírse, así que decidí salir corriendo de ahí.

Al llegar al jardín me senté en una banca deseando volver a reiniciar ese día. De repente, sentí cómo un mosquito me estaba tratando de
picar, entonces, empecé a tratar de matarlo. En una de esas, aplaudí para tratar de agarrarlo, pero en vez de eso ocurrió algo muy raro: regresé al momento justo en el que se cayeron los marcadores. De nuevo, no pude evitar la caída. Lo bueno fue que Oscar, el joven amable, me ayudó de nuevo y me acompañó a mi salón.

Tal como ya me había ocurrido, en el salón todos se están riendo, y yo ya sabía que era del video de mi caída. Esta vez no salí huyendo. Llegó el momento del recreo, salí con mis amigas y Oscar llegó. Me dio una paleta de helado, y me dijo: “Para que se te pase el mal rato”, yo me sonrojé y lo invité a que se sentara conmigo. Platicamos y me di cuenta que era una linda persona. Esta vez, todo iba bien, hasta que, por tanto platicar, se me olvidó comerme la paleta de helado y se derritió en mi pantalón. Nuevamente todos se empezaron a reír de mí y a tomarme fotos. Esta vez no lo resistí más y me fui corriendo al baño, comencé a llorar por lo malo que había sido mi día. Me recordé que había una forma de reiniciar el día así que lo volví hacer. Aplaudí deseando que todo volviera a empezar y así fue. Ese mal día volvió a iniciar, pero con algo diferente. Cuando vi que los marcadores se caían, los esquivé y no me caí; cuando llegué al salón de clases todos me saludaron amablemente, pero… no todo estaba bien. Me di cuenta de algo…no había conocido a Oscar. Mis amigas estaban ocupadas adelantando tareas y yo arrepentida de haber aplaudido para reiniciar el día, así que volví al baño, sonreí y aplaudí por última vez.

Esta vez dejé que todo ocurriera como la primera vez, me caí, me grabaron y se burlaron, pero, como siempre, llegó Oscar a ayudarme y mis amigas dejaron de hacer lo que estaban haciendo para hacerme sentir mejor.

Este día me enseñó algo: no importa lo que te ocurra, sea bueno o malo, siempre vas a poder sacar algo maravilloso de esa experiencia. Los problemas pasan por algo, nos hacen más fuertes. No pienses que, con reiniciar, todo se va a solucionar. Y yo, ya no pienso eso, por eso ya
no volveré aplaudir.

Por: Alejandra Figueroa (Presidente Estudiantil)

“La historia de Clara”

Un día escuchó que en la televisión el presidente decía que teníamos que estar en cuarentena por una enfermedad llamada “Coronavirus”. Clara no quería estar en cuarentena porque toda su vida estaba afuera. Entonces, no hizo caso y seguía saliendo ya que para ella era invisible para su familia.

Un día estaba caminando por la calle y se encontró algo inusual, vio a una señora con mascarilla y guantes cargando una bolsa con compras. Entonces Clara decidió ayudarla, se acercó y le dijo: “¿Necesita ayuda señora?” ella respondió: “No gracias, estamos en cuarentena, pero gracias de todos modos “, y se fue. Esto molestó un poco a Clara, pero siguió con su rumbo. Luego en su camino se encontró con un señor dando mascarillas. El señor le dijo: “tenga, para la cuarentena”, ella dijo: “No gracias, no la necesito“ y se fue aún más molesta que antes.

Había una vez una chica llamada Clara. Ella tenía 2 hermanas: Sara y Lara. Ella era la del medio. Por ser la hermana del medio sentía que era invisible en su familia. Por lo tanto, creó su vida fuera de su casa. Tenía amigos, era popular, y destacaba en otras áreas.

Un día escuchó que en la televisión el presidente decía que teníamos que estar en cuarentena por una enfermedad llamada “Coronavirus”. Clara no quería estar en cuarentena porque toda su vida estaba afuera. Entonces, no hizo caso y seguía saliendo ya que para ella era invisible para su familia.

Luego, notó que no había nadie más en la calle y vio su reloj y eran las 3:55 p.m. entonces alguien le gritó: “Niña, sal de la calle, hay toque de queda”. Ella no le dio importancia, pero de todos modos empezó a caminar hacia su casa. En el camino, escuchó una patrulla. Ella pensó que solo la querían asustar y no le hizo caso, pero la patrulla se acercó a ella y un policía le dijo: “Niña, hay toque de queda, o pagan la multa tus papás o tienes que ir a la cárcel”. Clara dijo:” yo no iré a la cárcel “, y empezó a correr, los policías tuvieron que perseguirla hasta alcanzarla. Luego, la llevaron en la patrulla hasta su casa. Cuando llegaron a su casa los policías les explicaron a sus papás que tenían que pagar una multa de 1,000 quetzales para que su hija no fuera a la cárcel por estar afuera en el toque de queda. Ellos pagaron la multa.

Le preguntaron a su hija: “¿por qué saliste si estamos en cuarentena?” Ella respondió: “Yo no” y se fue a su cuarto.

Clara estaba muy molesta con la cuarentena así que decidió seguir ignorándola así pasaron 2 semanas ella salía, pero volvía antes del toque de queda para no ir a la cárcel. Pero un día ella se sentía muy mal, le dolía la garganta, tenía fiebre y tosía mucho. Ella le dijo a su madre que sentía muy mal. Su madre se preocupó mucho al ver su estado, así que la llevó al hospital.

En el hospital le diagnosticaron “Coronavirus”, por lo tanto, tuvieron que internarla y a su familia la pusieron en cuarentena para ver si ellos podían ser posibles enfermos del Coronavirus. Ese día Clara aprendió una valiosa lección: las reglas tienen un propósito, no están ahí por nada. Si te dicen que tienes que hacer algo, por tu bien, tienes que hacerlo, aunque no te guste. Eso ayuda que, en momentos de crisis, como lo que estamos viviendo actualmente, podamos manejarlo con calma. Por eso, si estamos en cuarentena es por una razón, así que ayuda a Guatemala, a tu familia y a ti mismo quedándote en casa.

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